En el siglo XIX no era admisible que una mujer pudiera valerse por sí misma y fuera independiente del hombre. La sociedad española no les daba a las mujeres las mismas oportunidades que recibían los varones. Tanto las mujeres de las clases nobles o altas, como las de clase media y baja, no recibían una educación que las prepara para la vida y la libertad.
Las mujeres de clase alta y media eran educadas en una “cultura del adorno” para que supieran entretener a sus familias pudientes. Recibían clases de pintura, música y francés. Las mujeres de clase baja ni siquiera tenían acceso a este tipo de educación: su campo de acción estaba limitado a las labores domésticas o de servicio y muy pocas de ellas eran instruidas. Lamentablemente, en ningún caso las mujeres podían auto-sostenerse mediante su propio trabajo, porque no estaban social mente preparadas para ello.
La legislación española de finales del siglo XIX señalaba que la mujer casada no podía disponer de autonomía personal o laboral, menos aún de independencia económica; sus bienes debían ser administrados por el esposo. Toda transgresión a esta ley era penada con cárcel. En el caso de los hombres se les permitía las relaciones extra-matrimoniales y un asesinato en “defensa de su honor”, era sancionado con el destierro por un breve periodo de tiempo. No así para las mujeres. Si cometían un crimen pasional, la cadena perpetua era el máximo castigo.
Aunque las leyes permitían a las mujeres estudiar una carrera o profesión, paradójica-mente la sociedad era estrictamente patriarcal, y solo bajo la autorización paterna o del marido podía lograrse este derecho que, en esa época era muy difícil de ejercer. Además había muy pocas profesiones a las que una mujer podía ingresar.
Es en este siglo que la literatura española juega un papel preponderante al reflejar en sus obras la diferencia de género que marcaban las leyes y costumbres sociales. Benito Pérez Galdós, en “Tristana”, retrata a una mujer de clase media que pasa del yugo paterno a la de un protector-amante. Ella desea tener una vida propia, sin depender de un hombre, pero sabe que no está lo suficientemente preparada ni tiene las aptitudes para lograr este sueño.
Es a través de este tipo de literatura como, poco a poco, la sociedad en general empezó a tomar conciencia. Aparecieron los movimientos feministas en Europa, algo tardíamente en España, pero sirvieron para que las mujeres lucharan por sus derechos y cambiaran su situación.
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